Cómo negar lo que era perfectamente obvio, seguramente el lo sabía, y aprovechó eso.
Aprovechó que yo le respondía rapidamente, que no hubo cosa que no le ofreciera con
tal de que se quedara a mi lado, que yo era de las que prometía y cumplía.
Y cuántas veces fingí que no le creía todas las palabras que me decía, solo para
que las repitiera. Porque me encantaba oírlas. Porque me encantaba que él las pronunciara.