Que llueva. Que empiecen a deslizarse las gotas libres y sin rumbo.
Que la tierra empiece a desprender ese aroma característicamente glorioso,
que la ventana se nuble por pequeñas partículas de óxido de hidrógeno y que comiencen a
componer una melodía que nunca debiera terminarse.
que la ventana se nuble por pequeñas partículas de óxido de hidrógeno y que comiencen a
componer una melodía que nunca debiera terminarse.
Que se deslicen por el camino de tus mejillas, y que nublen tu vista.
Que venga la nostalgia, y la melancolía se haga dueña de nuestros momentos.
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