Como siempre, era demasiado bonito para ser verdad.
Me habían preguntado como me sentía, y aunque yo decía que bien, no era verdad.
Me sentía usada, tirada, desolada, me sentía estúpida.
Si, ¿cómo podía ser posible que siguiera creyendo en las historias de amor? ¿Cómo era posible que todavía siguiera esperando a la persona "perfecta"?
Era más que claro que no existía, ni siquiera se le acercaba.
Una cosa estaba clara, no iba a detenerme. Ésto no iba a conseguir parar mis pies, había mucho camino que recorrer, y quizás, en un futuro no muy lejano, vuelva la vista hacia atrás, y le agradezca haberme ilusionado.
11 mayo, 2013
02 mayo, 2013
Yo quería ayudarlo, y ésta vez no bastaba con pararme a escuchar sus historias, ni con que se
pusiera a llorar en mi hombro.
pusiera a llorar en mi hombro.
Ésta vez eran cosas importantes. Ni su vida merecía tantos problemas, ni la mía tantos disgustos.
Él, era él, pero poco a poco, yo pasaba a ser de su pertenencia.
Mis dos opciones eran: Amarlo tanto como para ayudarlo a salir de ese pozo del cual pocos tienen buenos recuerdos, o detestarlo tanto como para terminar alejándome de él, produciéndole más daño. No importaba que es lo que iba a elegir, cualquiera de las dos, eran lo más arriesgado que yo conocía, suponiendo que era la primera vez que mis actos importaban tanto que podían ayudar a salvar una vida, o destruirla para siempre...
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)