15 noviembre, 2012


Tenían razón, los errores se pagan caros, mientras tanto estoy aquí, mirando al exterior por la ventana de mi habitación, y de repente, sin querer, mi mente te vuelve a tener presente, y yo la condeno, lo más cruel es negar que te sigo echando de menos, negar que sería capaz de hacer que las malas cosas regresaran, sólo para tenerte de vuelta.

Sigo preguntándole a la tonta que se refleja en el espejo, ¿por qué después de todo te sigue extrañando? ¿Por qué si ella sabe que hace mucho tiempo la olvidaste?
Si te sonríe, no es porque haya perdonado todo el daño que fuiste capaz de hacerle sentir, es simplemente porque no sabe vivir sin ti, sin tus miradas ni tu voz, porque constantemente tus recuerdos, tu perfume y todas tus mentiras le invaden la mente a cada momento, porque cuando te ve, y finge indeferencia, cada centímetro de su cuerpo tiembla.

Es difícil explicar por qué una parte de mi te sigue esperando, ausente y dolida, callada y melancólica, sosteniendo todas tus promesas y tirándolas a la basura, prometiéndome que dejaré de buscar algún tipo de milagro que nunca ocurrirá. Si te intento olvidar, es porque todos me piden que lo haga, pero no porque quiera, porque aún teniendo miles de razones por las que borrarte de mi mente, siempre intento recordar tan sólo una que me haga capaz de seguir queriéndote como el primer día.