No supo enfrentar el pasado.
Sólo sabía huir de él, no por comodidad. Solamente por miedo.
Y siempre pretendió que nada había ocurrido, pero calló tanto el dolor, que se le quedó dentro.
Algo así como una espina que nunca sale, y que cada vez se adentra más en la piel, hasta que parece ser invisible a los ojos humanos, pero aún así, cuando se roza, duele.
No hay comentarios:
Publicar un comentario