Yo quería ayudarlo, y ésta vez no bastaba con pararme a escuchar sus historias, ni con que se
pusiera a llorar en mi hombro.
pusiera a llorar en mi hombro.
Ésta vez eran cosas importantes. Ni su vida merecía tantos problemas, ni la mía tantos disgustos.
Él, era él, pero poco a poco, yo pasaba a ser de su pertenencia.
Mis dos opciones eran: Amarlo tanto como para ayudarlo a salir de ese pozo del cual pocos tienen buenos recuerdos, o detestarlo tanto como para terminar alejándome de él, produciéndole más daño. No importaba que es lo que iba a elegir, cualquiera de las dos, eran lo más arriesgado que yo conocía, suponiendo que era la primera vez que mis actos importaban tanto que podían ayudar a salvar una vida, o destruirla para siempre...
No hay comentarios:
Publicar un comentario